
Nunca hubo tanta información ni tantas herramientas. El desafío ya no es la incertidumbre, sino cómo decidimos producir frente a ella. Se habla mucho de incertidumbre en la ganadería. Clima incierto. Mercados inciertos. Precios inciertos.
La palabra aparece cada vez que algo no sale como se esperaba. Y se repite tanto que termina explicándolo todo… o justificándolo todo. Pero vale la pena hacerse una pregunta incómoda: ¿realmente el problema es la incertidumbre?
Porque, en el fondo, no es una anomalía. Es la condición natural de cualquier actividad. Un futbolista entra a la cancha sin saber si va a ganar o perder, y aun así juega. En cualquier decisión relevante, el resultado nunca está completamente garantizado. Entonces, ¿por qué en ganadería aparece como si fuera el problema central?
Hoy el sector tiene más información que nunca. Se mide más, se registra más, se compara más. Hay mejores herramientas de gestión, avances en genética, sanidad, manejo del pasto y análisis económico. El punto ya no es la falta de información. El punto es cómo la usamos.
Si miramos el contexto, y especialmente en Uruguay, las señales son claras; el mundo demanda más proteína, los precios externos se han sostenido en niveles altos, la oferta global de carne es limitada y los sistemas productivos tienen más herramientas para responder.
Puertas adentro, los datos también muestran avances; más producción de terneros, mejores pesos de faena, sistemas más intensivos, mayor uso de corrales de engorde y mejores resultados económicos.
No es un sistema estancado. Es un sistema que viene evolucionando. Por eso, conviene diferenciar dos cosas: variabilidad e incertidumbre total. La variabilidad siempre existió. El clima cambia, los precios se mueven y los sistemas biológicos responden distinto.
Pero eso no es lo mismo que no entender lo que pasa. De hecho, cada vez entendemos más. Muchos procesos se pueden medir, anticipar en rangos y gestionar. Ahí aparece un punto clave. Cuando hablamos de “incertidumbre”, muchas veces trasladamos la idea de que todo depende de factores externos. Como si el resultado estuviera fuera del control del productor. Pero la ganadería actual está lejos de ser un sistema librado al azar.
La ganadería de antes operaba con menos inversión, menos control y mayor dependencia de la naturaleza. La de hoy se parece cada vez más a un sistema productivo estructurado: insumos + procesos = producto
Incluso existen modelos donde el precio y el volumen se definen con meses de anticipación. Eso no elimina la variabilidad, pero cambia completamente el punto de partida. Por eso, en muchos casos, el problema no es la incertidumbre.
El verdadero desafío es otro: ¿Estamos aprovechando todo el potencial del sistema? ¿Estamos tomando decisiones con la información disponible? ¿Estamos diseñando sistemas realmente resilientes y eficientes? ¿O estamos esperando condiciones “más seguras” que nunca llegan?
Porque el contexto actual, con sus altibajos, sigue siendo en términos históricos, una gran oportunidad para la ganadería uruguaya. Y ahí es donde cambia la mirada.
La pregunta no es si hay incertidumbre. La pregunta es qué hacemos frente a un contexto que, aun con variabilidad, es favorable. Porque hoy, más que nunca, el resultado no depende solo del entorno. Depende de cómo cada sistema decide pararse frente a él. Y en ese sentido, la diferencia no la va a marcar quien espere a que desaparezca la incertidumbre.
La va a marcar quien entienda que nunca desaparece… y, aun así, decide producir mejor.
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Ing. Agr. José Manuel Mesa Cacheiro
Asesor Técnico - Delegado de CNFR ante INAC
