
Una vez más fueron detectados en China residuos de productos químicos en un embarque de carne. Nuevamente se trata de un garrapaticida, productos que, tras su uso, requieren respetar tiempos de espera que pueden llegar a ser de 122 días antes de enviar el animal a faena.
Este incidente derivó en la suspensión del Frigorífico San Jacinto, pero pudo haber sido cualquier otro, ya que resulta imposible para los responsables de la planta conocer los antecedentes sanitarios del productor y mucho menos de la tropa. De más está señalar el enorme perjuicio económico que representa para la empresa sancionada no poder ingresar a China, donde cortes, menudencias y subproductos encuentran en ese mercado los mejores valores. En este momento, con el negocio tan ajustado, cada dólar cuenta. Ni hablar de los costos en imagen que esto representa, ya que el consumidor, que no entiende, solo ve el origen, la marca y la sanción. En definitiva, sin ser responsable de nada, la planta frigorífica paga todas las consecuencias.
El MGAP analiza un porcentaje de la faena, superior al de nuestros competidores, pero resulta imposible hacerlo a 50 mil animales en promedio por semana. De ese control aleatorio surgen muy pocos casos positivos, pero, aun siendo pocos, han ido aumentando en los últimos años. La ciencia investiga maneras de detectar estos residuos en el campo, y seguramente va a terminar logrando el objetivo. Ese día, la actitud negligente de unos pocos, habrá sumado un costo más para todos a la hora de embarcar.
El tema está arriba de la mesa desde hace tiempo. Después del incidente del año pasado se aumentaron los muestreos, se rastrea el origen de la carne con problemas y se toman medidas con todos los posibles implicados. Se corre el riesgo de que paguen justos por pecadores, pero siempre será mejor que perder un mercado, el prestigio del origen Uruguay o perjudicar injustamente industrias que al final del día, son fundamentales a la hora de lograr una sana competencia por los animales que ofrecen los productores. Lamentablemente, nos estamos dando un tiro en el pie.
Hay otras cosas para hacer. Para empezar, se debería mejorar la comunicación, para explicar al productor el perjuicio que ocasiona cuando remite hacienda sin el tiempo de espera correspondiente o utiliza productos no habilitados. También se le debería informar que puede embarcar a frigorífico con garrapata viva, evitando las aplicaciones sobre la fecha.
En general, cuando el productor entiende, reacciona positivamente. Hay antecedentes en materia sanitaria que lo demuestran, la campaña contra la aftosa es un ejemplo claro. El INAC debe destinar los fondos necesarios para esta campaña que debe ser contundente. Está dentro de sus funciones, nada condiciona más las exportaciones de carne que esta situación.
En segundo lugar, se debería apelar al veterinario que certifica el embarque. El productor ya asume el costo de este control de campo que fuera implementado cuando la crisis de la aftosa, a principio de siglo, con el objetivo de reanudar los embarques a Europa, y que; como toda norma, tasa o impuesto en nuestro país, nunca se deroga una vez cumplido su propósito. Hoy no tiene más sentido, pero en virtud de que sigue vigente, el profesional, dentro del servicio de certificación, debería informar al productor sobre los perjuicios que puede causar, las multas que puede llegar a recibir y por último debería asesorarlo a la hora de llevar registros de las aplicaciones realizadas, de manera de evitar en lo posible que suba al camión por error, un animal sin el tiempo de espera necesario.
Las sanciones deben ser contundentes para el reincidente, siempre dentro del debido proceso, ya que todos sabemos que somos hijos del rigor. Como ya dijimos, la amplia mayoría hace las cosas bien, sobre todo si entiende las consecuencias, pero debemos reconocer que hay un pequeño porcentaje de irresponsables que no entienden razones y ellos deben ser identificados y sancionados.
