Atomo Rural JM

 Hace poco, recorriendo un establecimiento, un productor me dijo: "Con lo que vale hoy el ganado, tengo una fortuna caminando por el campo".

Tenía razón. Pero, mientras mirábamos el rodeo, apareció otra pregunta: ¿Cuánto de esa fortuna estaba produciendo y cuánto simplemente estaba allí, consumiendo pasto, tiempo y capital?

La ganadería uruguaya está entrando en una nueva normalidad. No solamente porque el ganado vale más, sino porque nunca tuvimos tanto capital de trabajo dentro de los sistemas productivos. Hoy cada animal debe justificar su permanencia.

Por eso, quienes acompañamos las decisiones de las familias en los establecimientos empezamos a preguntarnos algo diferente: no cuántos animales más podemos sostener, sino cuáles son los animales que mejor aprovechan los recursos disponibles.

La respuesta no está en tener el máximo stock, sino el mejor.

Durante años medimos precios, relación insumo-producto y kilos por hectárea. Todo sigue siendo fundamental, pero ahora debemos agregar otras preguntas: cuánto produce cada cabeza, cuánto capital requiere y cuánto demora en volver a transformarlo en producción e ingresos.

En los últimos veinte años, la cantidad de vacas de cría del rodeo nacional creció a una tasa del 0,8% anual. Seguramente continuará aumentando, pero lentamente y con una necesidad cada vez mayor de capital. Si esperamos que el próximo salto productivo llegue solamente por tener más vacas, probablemente llegue demasiado despacio.

Uruguay se ha movido con una tasa de extracción de entre 19% y 21%, aun considerando la exportación en pie de animales livianos. Podemos acelerar las recrías, terminar antes los novillos y utilizar más corrales, pero, para sostener una faena mayor, necesitamos generar más animales y más kilos. Y eso comienza en la cría.

Hay oportunidades concretas, sin inventar nada demasiado extraño: vacas que lleguen al entore con condición corporal 5, mejorar moderadamente la preñez, reducir las pérdidas entre preñez y destete del 12% al 5%, y llevar el peso de los terneros desde alrededor del 30% del peso de sus madres hacia el 45% o 50%.

También necesitamos vacas más longevas. Pasar de cuatro a seis terneros durante su vida útil permitiría bajar la reposición de más del 20% al 15% y liberar más hembras para el engorde y la faena.

Una vaca que produce un ternero todos los años se gana su lugar en el rodeo. Cuando no lo hace, el costo no es solamente el ternero que falta: también están el pasto consumido, el tiempo y el capital inmovilizado.

Si, además, alcanzáramos un peso de carcasa de novillos y vaquillonas cercano a los 325 kilos, la combinación de más terneros por vaca, menos pérdidas, mayor peso al destete, mayor longevidad y animales más pesados podría acercar a Uruguay a una tasa de extracción del 30% y agregar unas 900.000 cabezas a la faena. Aun así, seguiríamos por debajo de Norteamérica o de las zonas más productivas de Australia, que alcanzan al menos el 35%.

No es un camino sencillo ni inmediato, pero buena parte de esas mejoras comienza con manejo y planificación: subdivisiones, agua, mejor utilización del pasto, ajuste de carga y decisiones tomadas a tiempo. Las pasturas, los verdeos y el uso estratégico del grano pueden potenciar el proceso, pero difícilmente sustituyan un sistema bien ordenado.

Los buenos márgenes ofrecen una oportunidad para actualizar los sistemas. Los cambios se hacen mejor cuando la empresa puede decidir que cuando la situación obliga, y destinar parte del resultado a mejorar la eficiencia puede fortalecer el patrimonio y preparar su continuidad.

Durante años asociamos intensificación con mayor riesgo. Es cierto que incorporar capital o endeudamiento genera una exposición financiera concreta, pero también existe otro riesgo, menos visible y más lento: mantener animales caros durante demasiado tiempo, produciendo poco.

No hay que confundir intensificar con gastar más. Intensificar debe ser mejorar procesos, reducir pérdidas, producir más y acelerar la rotación del capital, eligiendo bien dónde invertir.

Con los actuales valores del ganado, una parte del resultado puede provenir simplemente de la valorización del stock. Eso mejora la situación patrimonial, pero no necesariamente genera caja ni demuestra una mayor eficiencia. A veces el balance engorda, aunque el sistema siga produciendo lo mismo.

Un buen precio puede esconder un proceso demasiado lento. Y, con animales más caros, el tiempo también cuesta más.

Esa es la nueva normalidad: no tener más por tener, sino encontrar el mejor stock. No necesariamente el que mejor se ve desde la portera, sino el que mejor trabaja dentro del sistema. Porque, cuando cada animal representa más dólares, cada uno debe justificar el lugar que ocupa.

Ing. Agr. José Manuel Mesa Cacheiro

Asesor Técnico - Delegado de CNFR ante INAC

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