150 años de la Industria frigorífica
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Discurso del Lic. Eduardo Urgal, presidente de la Cámara de la Industria Frigorífica (CIF), del día 29 de mayo con motivo de la celebración de los 150 años de la Industria Frigorífica, coincidente con el primer envío de carne refrigerada a Europa en el buque "Le Frigorifique".
En la oportunidad, la CIF reconoció la trayectoria del Sr. Daniel Belerati, presidente de la CIF durante los últimos 25 años, actor y testigo principal del desarrollo del sector más importante de la economía nacional. Un merecido homenaje al cual se suma Átomo Rural. Compartimos el video emitido en la oportunidad.
Este año celebramos 150 años de lo que podemos reconocer como el inicio de la industria frigorífica uruguaya. Una industria que, a través de la tecnología y el trabajo, convirtió al ganado en carne para abastecer mercados más allá de nuestras fronteras.
Y creemos que la mejor manera de celebrar esta fecha no es solamente mirando al pasado, sino honrándolo mientras proyectamos el futuro.
La industria frigorífica uruguaya recorrió un camino de 150 años que permitió que hoy la carne uruguaya ocupe un lugar de privilegio en el mundo... no estamos tan lejos de que en el mundo conozcan a nuestro país por la carne y no solo por el fútbol… Y eso no ocurrió por azar, ni vino dado como regalo...
Es el resultado del esfuerzo de generaciones enteras. De la acumulación de experiencia y conocimiento. De la resiliencia para atravesar las crisis... Seguramente hubo vocación. Seguramente hubo orgullo por nuestros orígenes. Pero, sobre todo, hubo una convicción profunda: y es que la industria frigorífica y el complejo cárnico en su conjunto podía ser un pilar de desarrollo y un vehículo de prosperidad para nuestro país y para su gente.
Hoy, 150 años después, cuando la carne vacuna sigue siendo uno de los principales motores de la economía y de la exportación en Uruguay, ante eso sentimos la responsabilidad de levantar nuestra voz y decir con claridad que la cadena cárnica uruguaya mantiene intacta la oportunidad de volver a ser aquel motor de crecimiento, de empleo y de desarrollo nacional.
Porque, frente a la prolongada dificultad de crecimiento que enfrenta nuestro país, la industria frigorífica y el complejo cárnico en su conjunto, tiene mucho para aportar.
Pero para eso debemos animarnos a hacernos una pregunta incómoda, aunque imprescindible: ¿Cuál es el perfil industrial que queremos para nuestro país? ¿Y qué rol esperamos que tenga la industria frigorífica dentro de ese proyecto de país? Y casi que más importante aún: ¿Qué estamos dispuestos a hacer —y eventualmente a sacrificar— para alcanzar ese objetivo?
La respuesta, necesariamente, pasa por el diálogo y la construcción de consensos entre el sector público y el sector privado. Hay que hablar. Pero también hay que actuar. Y sabemos que será imposible conformar a todos. Sin embargo, hay momentos en la historia de los países en los que es necesario tomar definiciones estratégicas mirando las próximas generaciones…
Permítanme poner un ejemplo concreto, que resulta fácil de entender, pero no tanto de resolver… Uruguay produce, a través de su complejo cárnico, un bien altamente demandado y reconocido en el mercado internacional. Tenemos la carne, un producto de excelencia. Gozamos de buena reputación. Y tenemos acceso a mercados (el cual podemos y debemos seguir mejorando). Pero además tenemos capacidad industrial instalada con una capacidad ociosa cercana al millón de cabezas por año, eso está sucediendo hoy (cosa que venimos arrastrando desde hace ya algunos años).
Esto no es solamente un mal indicador de una cifra productiva, por el contrario: Es una enorme oportunidad social. Porque cada res faenada en nuestro país representa casi dos jornales directos y varios más en forma indirecta… Por ejemplo, si como país fuéramos capaces de industrializar 500 mil o un millón de cabezas adicionales (a las 2 millones y algo que hoy faenamos), estaríamos hablando de casi 40 mil nuevos puestos de trabajo distribuidos en todo el territorio nacional.
Estamos hablando de desarrollo descentralizado. De actividad económica. De oportunidades reales para nuestra gente, y de una mejora significativa de nuestra competitividad, porque sabemos que por precio - por ser baratos - no va nuestra salida… sino por ser más productivos…
Además, contamos con un sistema financiero dispuesto a acompañar el crecimiento. Existen ejemplos concretos, como GTM —Ganadería Tres Millones—, impulsado hace más de 15 años por la propia industria frigorífica (y en este caso el banco Santander), con el objetivo de trabajar para promover la producción anual de tres millones de terneros, no solamente se logró, sino que la iniciativa fue acompañada con productos similares por todo el resto de la banca privada. Todos quienes estamos en el complejo, sabíamos o buscábamos que después de los tres millones de terneros nacidos, deberían llegar, naturalmente, los tres millones de cabezas para industrializar...
Como país: Tenemos los recursos naturales. Tenemos productores y el trabajo dedicado en la mejora genética. Tenemos tecnología. Tenemos conocimiento. Y tenemos una fuerza laboral en la industria frigorífica que está entre las mejores y más capacitadas del mundo. Y por último (pero no menos importante) permítanme reconocer también al gran protagonista silencioso de toda esta cadena: ¡la vaca… tenemos las vacas!
Porque, si esto fuera una película, la vaca sería claramente la protagonista principal. Todos los demás somos actores secundarios. Sin pie de cría, no hay futuro posible. Uruguay tiene hoy, las condiciones necesarias para aspirar a niveles de faena mucho mayores.
Entonces, eso desencadena a la siguiente pregunta, que es inevitable: ¿Qué nos está faltando para ir por ello? ¿Somos realmente conscientes del impacto que podríamos generar en el bienestar de nuestra población? Hace algunos años que, desde distintas voces de grupos de interés en nuestro país - tanto privados como incluso políticos -, venimos escuchando frases así como que “en Uruguay más vale exportar bienes sin industrializar porque no somos competitivos y, en la búsqueda de agregar valor, más vale exportar materias primas para que las industrialice otro…”
Como se podrán imaginar en la Cámara de la Industria Frigorífica nos van a encontrar siempre de la vereda de enfrente a esta afirmación, ¿por qué? Hay una idea de una corriente de un pensador de la economía moderna que tiene más de 300 años que señala que el poder de las naciones está dado por su riqueza. A pesar de ello, señala que la riqueza de las naciones no depende exclusivamente de sus ventajas naturales. La historia está llena de países ricos en recursos naturales que no lograron prosperidad para su gente. Y también está llena de ejemplos de países que, aun sin grandes recursos, lograron desarrollarse. ¿Por qué? Porque entendieron que la verdadera riqueza de una nación está en su capacidad de generar trabajo genuino, fortalecer su industria y agregar valor al esfuerzo y trabajo de su gente. Y que proteger ese trabajo no debería verse solamente como un derecho. Debería entenderse también como una responsabilidad nacional.
Desde la Cámara de la Industria Frigorífica estamos convencidos de que tenemos mucho para aportar al desarrollo y crecimiento de nuestro país. Pero no podremos hacerlo solos. Necesitaremos encontrar el ámbito para trabajar junto a nuestros colegas de la industria frigorífica en ADIFU, junto al Poder Ejecutivo, junto a la producción primaria y los trabajadores de todo el complejo para construir acuerdos duraderos que procuren hacer la torta más grande y no discutir por un pedacito más grande de una torta que hace años que no crece…
Y a nosotros desde la CIF nos gustaría agregar esta reflexión: Las naciones que logran desarrollar una industria capaz de generar empleo genuino, produciendo bienes que el mundo desea comprar, al tiempo que honran su identidad productiva, no solamente generan riqueza… También fortalecen su cultura. Su autoestima y su sentido de propósito - ¡y aquí, ojo… no somos tercos, no empujamos sobre lo que queremos producir sino sobre lo que el mundo nos quiere comprar, la carne! -. Y eso, además, termina atrayendo nuevas inversiones y nuevas oportunidades para otros sectores de la economía, reteniendo y atrayendo talento humano.
Para terminar, quisiera volver sobre la pregunta inicial y dejarla planteada para todos nosotros: ¿Cuál es el perfil industrial que queremos para el Uruguay? ¿Debemos volver sobre la pregunta…? Porque el perfil industrial de nuestro país lo determinamos nosotros o lo determinan los de afuera, y en ese caso no será en beneficio uruguayo.
Desde la industria frigorífica creemos firmemente que podemos ser parte de la solución.
