
En Uruguay hace años que el Dr. Alejo Menchaca trabaja en edición génica. Actualmente ocupa el cargo de coordinador de la Plataforma de Salud Animal del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA). El reconocido profesional lidera un equipo que investiga la edición génica de la mosca de la bichera y la garrapata, en asociación con el Instituto Pasteur de Montevideo. Este programa, que viene siendo fuertemente apoyado por la Junta del INAC, que comprometió recursos del Fondo de Investigación de la Cadena Cárnica (FICA) hasta el año 2030, avanza a paso firme.
Antes de profundizar en el desarrollo de este artículo, resulta importante diferenciar la edición génica de la transgénesis. A grandes rasgos, en la edición génica se utiliza el material genético propio de la especie, cambiando el orden o quitando algún fragmento, mientras que en la transgénesis se agregan genes de otra especie, creando organismos con información genética que no obtendrían de manera natural.
Nos enfocaremos en la mosca de la bichera. Debemos recordar, para evitar confusiones, que en Uruguay se ha intentado implementar un sistema de control que consiste en sembrar, utilizando aviones, pupas de machos estériles por radiación. Esta iniciativa se ha visto demorada debido a problemas técnicos en la planta de Panamá que se había comprometido a abastecer a nuestro país de estos insectos. Esta planta se encargaba de producir las pupas para ser sembradas semanalmente en una franja que abarcaba todo el ancho de ese país, generando una barrera de seguridad que aislaba el norte. Por motivos que desconocemos, tuvo problemas técnicos que derivaron en una reinfección, llegando las moscas hasta México y los Estados Unidos. Esta técnica, que resultó exitosa en el hemisferio norte durante décadas, requiere, además de una alta inversión inicial, un oneroso trabajo de mantenimiento, ya que ni Argentina ni Brasil adhirieron en primera instancia al proyecto.
Mediante la edición génica, se espera generar machos de laboratorio que, una vez liberados, fecunden hembras naturales cuyas hijas deberían nacer infértiles y los machos deberían heredar la misma condición que el macho de laboratorio. De esta forma, la solución se multiplica sin más intervención humana que el control de una futura posible reintroducción accidental. De más está decir que, en caso de resultar exitoso el proyecto, el costo de solucionar la bichera mediante esta técnica será muy accesible.
Esta investigación, tanto en mosca de la bichera como en garrapata, viene siendo seguida muy de cerca por la comunidad científica internacional, muy especialmente por los Estados Unidos, que, como dijimos antes, sufre la reintroducción del gusano barrenador o bichera después de muchas décadas libres.
Este proyecto, que posiciona a nuestro país a la vanguardia en la materia, debe ser protegido y apoyado dentro y fuera del ámbito agropecuario, facilitando la tarea de los científicos. Para el sector ganadero será un antes y un después si se logra erradicar o controlar estos flagelos.
