
Todo parece indicar que el mercado global de la carne bovina va a continuar disfrutando de buenos precios. El consumo aumenta año a año impulsado por la incorporación de millones de consumidores que mejoran su economía, fundamentalmente en el sudeste asiático y en el Medio Oriente.
La pregunta que surge es ¿Puede Uruguay aprovechar este crecimiento? ¿Podemos crecer hasta las 750.000 toneladas de carne bovina que INAC planteó como meta en su plan estratégico 2020/2030?
En los últimos 20 años nuestra faena se ha mantenido en el entorno de las 2.300.000 cabezas de ganado. Cuando superamos esos números, tanto para arriba como para abajo, se debió a coyunturas de mercado o climáticas.
De esa manera, en 2005/2006 gracias a una demanda extraordinaria desde EEUU y en 2021/2022 desde China, se superaron las 2.500.000 cabezas, llegando en 2022 a superar las 2.600.000 cabezas faenadas. Pero reitero, no se trató de cambios estructurales, simplemente la coyuntura nos favoreció.
Es importante el trabajo de promoción que vienenrealizando INAC y las principales plantas frigoríficas en Asia y en particular en China, pero los resultados de estas campañas son a largo plazo, y mientras tanto debemos competir con Australia y Nueva Zelanda que disfrutan de ventajas arancelarias y 50 años ganándose la confianza delos consumidores chinos. También competimos con EEUU, Brasil y Argentina que, gracias al peso específico de sus nombres, tienen el camino más fácil a la hora de promocionar sus carnes. Los chinos no tienen idea donde queda Uruguay y solo conocen a Forlán, Suarez y alguno más.
La buena noticia es que, en las oportunidades en que la coyuntura acompañó, la industria nacional demostró que tiene los medios para aumentar la faena y la logística necesaria para procesar toda esa mercadería.
También acompañó el productor, que rápidamente preparó ganados que en otras circunstancias hubiesen llegado más lentamente a su peso de embarque, permitiendo una tasa de extracción porcentualmente mucho mayor a la habitual pero inferior a la de los países mas intensivos.
Cuando hablamos de cambios estructurales, nos referimosa darle condiciones a la industria para que compita a nivel nacional e internacional. Para eso debemos pensar en herramientas que, sin desfinanciar el Estado, le permitan ser competitivos. Competir por el ganado que se exporta en pie (nunca prohibir ni dudar de la exportación en pie) y competir con aquellos países que alcanzaron acuerdos comerciales con los compradores de carne y no deben pagar aranceles. Mientras se negocia el Estado debe compensar esa desigualdad desde adentro, invirtiendo en un sector que multiplica cada dólar de manera exponencial. Es un tema de inteligencia comercial.
Ya está probado que el crecimiento de la industria se traslada proporcionalmente al productor, a la materia prima. La cadena cárnica uruguaya, que, aunque la nieguen existe, dispone de toda la información del negocio; precio de exportación, faena por categorías, uso de las cuotas, proporción de lo facturado destinado a la compra del ganado y mucho más. Sin embargo, cuando se analiza la caja de herramientas disponible para mejorar la ecuación y crecer, se cae rápidamente en los prejuicios, resentimientos y la conveniencia política.
Beneficiar a la industria para beneficiar a toda la cadena es impensable dentro de nuestro sistema. Es casi un tema cultural. Menos aún lo es para aquel que basa su accionar en la división, en fomentar la desconfianza entre productores e industria, en destruir. Nunca es fácil para el gobernante explicar apoyos a los que, a priori, lucen comoprósperos empresarios.
Si superamos estos prejuicios podremos hablar de cambios estructurales, veremos crecer de forma sostenida un negocio que vuelca decenas de millones de dólares a las arcas del Estado de forma directa e indirecta y que, en ese proceso, demandará muchísima mano de obra difícil de ser sustituida por máquinas. Ya analizaremos en otra oportunidad los ingresos que resigna el Uruguay por no invertir en el negocio más probado y transparente que dispone.
Para esto hay que liderar, ver más allá, prender las luces largas.
