Atomo Rural Forestal

El sector forestal uruguayo atraviesa una etapa de madurez y consolidación, con una participación relevante en la economía nacional, aunque enfrenta desafíos que condicionan sus posibilidades de crecimiento.

Así lo señaló la presidenta de la Sociedad de Productores Forestales (SPF), Lucía Basso, quien destacó a la Revista de la Asociación Rural del Uruguay (ARU) los avances alcanzados durante las últimas décadas y planteó la necesidad de generar condiciones para nuevas inversiones.

Con casi 1,2 millones de hectáreas forestadas, más de 40.000 puestos de trabajo y exportaciones que superan los US$ 3.000 millones, la actividad se posiciona entre los principales sectores exportadores de bienes del país y representa aproximadamente el 6% del Producto Bruto Interno.

“Es un sector que fue muy bien planificado para inversiones de largo plazo, muy organizado, y los resultados están a la vista”, sostuvo Basso.

Sin embargo, advirtió que actualmente enfrenta cierto estancamiento y que, para mantener su dinamismo, resulta imprescindible ampliar la base forestal.

En ese sentido, la SPF ha planteado la posibilidad de incorporar otras 500.000 hectáreas a la producción, una aspiración que, según su presidenta, requiere superar importantes obstáculos.

Uno de los principales cuestionamientos apunta a la regulación. Basso consideró que el sector está “hiper regulado” y señaló la falta de coordinación entre los organismos que intervienen en la aprobación de proyectos, particularmente la Dirección General Forestal, las autoridades ambientales y las intendencias.

“No estamos diciendo que no queremos regulación, pero hay una cantidad de exigencias y criterios diferentes que dificultan las inversiones”, explicó. A su entender, sería necesario avanzar hacia procedimientos más uniformes y una mayor coordinación institucional, respetando las particularidades de cada departamento.

La logística constituye otro desafío importante. Si bien reconoció las mejoras realizadas en las rutas nacionales, sostuvo que todavía existen limitaciones para la circulación de bitrenes y tritrenes, herramientas fundamentales para reducir los costos de transporte.

También manifestó preocupación por el estado de la caminería rural y consideró que su gestión debería tener una mayor participación del gobierno central. A esto sumó la necesidad de continuar mejorando la infraestructura portuaria y ferroviaria, aspectos que inciden no solamente en la forestación, sino en toda la producción nacional.

 Ambiente y convivencia productiva

Consultada sobre los cuestionamientos ambientales que históricamente ha recibido la forestación, Basso defendió el trabajo científico desarrollado por el sector y aseguró que existe un seguimiento permanente de sus efectos sobre el agua, los suelos, la flora y la fauna.

Destacó especialmente los estudios realizados mediante microcuencas apareadas, que permiten comparar el comportamiento de las plantaciones forestales con otros usos del suelo.

“Por supuesto que hay modificaciones en el ciclo hidrológico y, en determinadas condiciones, puede existir un mayor consumo de agua, pero eso no significa que se afecten las napas”, afirmó.

La presidenta de la SPF sostuvo que persisten numerosos cuestionamientos que, a su juicio, no se corresponden con la evidencia disponible. También mencionó los estudios sobre población rural y el aporte de la actividad a la generación de energía renovable y la captura de carbono. 

Más industrias y agregado de valor

Más allá de la celulosa, Basso destacó las oportunidades que presenta la diversificación industrial. Mencionó el desarrollo de productos derivados de la madera, como tableros, madera laminada y materiales destinados a la construcción, además de nuevas aplicaciones vinculadas a fibras textiles, energía y otros productos derivados de la celulosa.

Entre los ejemplos señaló la producción de madera contralaminada (CLT) de Arboreal, en Tacuarembó, y las inversiones industriales que actualmente se encuentran en desarrollo.

En particular, destacó el proyecto de Braspine, con una inversión prevista de US$ 250 millones, además de nuevas ampliaciones industriales vinculadas a la producción de tableros.

No obstante, insistió en que la disponibilidad futura de materia prima será determinante para sostener ese proceso. “Si no aumentamos la base forestal, no va a alcanzar la madera”, advirtió.

De cara a los próximos 10 o 20 años, Basso imagina un sector que continúe ocupando un lugar destacado entre los principales exportadores del país, con mayor superficie productiva, nuevas industrias y una integración creciente con el resto de la economía.

Su aspiración es que la sociedad uruguaya reconozca cada vez más a la forestación como una actividad con perspectivas de largo plazo, capaz de generar inversiones, empleo y oportunidades de desarrollo.

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